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Somos las decisiones que tomamos

Más allá de nuestras circunstancias, las personas somos el resultado de nuestras decisiones. Es así como trazamos nuestros caminos, nuestra bondad y la capacidad de ir aprendiendo de nuestros errores.

Nuestras decisiones definen quiénes somos. Más allá de nuestros talentos, habilidades o competencias está cada elección hecha en un momento complicado. Están, también, aquellas personas o cosas que hemos decidido priorizar en un instante determinado. Lo que hemos dejado atrás nos define, al igual que dice mucho de nosotros la capacidad de aprender de los errores y de decidir un poco mejor.

A menudo suele decirse aquello de que siempre es mejor una decisión errónea que permanecer en el limbo de la indecisión. Sin embargo, en ocasiones, hasta el simple hecho de “no decidir nada” por mera inseguridad, ya es una decisión por sí misma. Porque al no actuar y quedarnos donde estamos ya se traza un camino e incluso un destino. Así, en cada uno de esos pequeños actos cotidianos, se va construyendo nuestra vida y también la persona que somos.

Las personas nos pasamos el día entero tomando decisiones de manera inconsciente, motivadas por nuestras emociones, impulsos e intuiciones.


Somos libres hasta cierto punto en materia de toma de decisiones. Esto es así porque si hay algo que va a determinar el tipo de elecciones que tomemos en la vida es, sin duda, nuestra personalidad. Para bien o para mal estamos «moldeados» por el peso de la genética, por la educación recibida, por el modo en que hemos interpretado cada experiencia y, también, por el contexto que nos rodea.

Las puertas que abrimos y cerramos cada día son las que deciden el tipo de vida que vivimos. Y, en ellas, ciertas figuras acaban quedándose fuera. Decidir bien es un arte que vamos mejorando con el tiempo y la experiencia. Tengámoslo en cuenta.


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